Lo que reconoce la ley: aprender trabajando
Durante mucho tiempo, en Francia solo contaba como formación lo que ocurría en un aula. La ley de 2018 para la libertad de elegir el futuro profesional cambió las cosas al reconocer la acción de formación en situación de trabajo, abreviada AFEST. Ahora una formación puede desarrollarse en parte o por completo en el puesto de trabajo, con tal de que esté organizada, supervisada y evaluada.
Ahí está la clave: trabajar no es automáticamente formarse. Un empleado que repite sus gestos desde hace diez años no está siguiendo una AFEST. El método exige una intención pedagógica, objetivos, acompañamiento, momentos de análisis y un registro escrito. Sin estos elementos, la empresa no puede presentarla como una acción de formación.
A quién se dirige este método
La AFEST afecta a empleados en activo: una persona que cambia de máquina, un operario que evoluciona hacia un puesto de técnico, un asesor que debe dominar una herramienta nueva, un auxiliar de recepción que atiende a un público nuevo. Se adapta bien a los oficios en los que el gesto, la postura o la decisión en contexto cuentan más que la teoría.
También se dirige a empresas de cualquier tamaño, incluidas las pequeñas que no tienen un servicio de formación. Para quien busque unas prácticas o una alternancia, no es una vía de entrada: no es un contrato ni un dispositivo de inserción. Se encuentra una vez que ya se ocupa un puesto, o como componente pedagógico de un itinerario más amplio.
Las etapas de una AFEST bien construida
La normativa francesa describe elementos que deben estar todos presentes:
- el análisis de la actividad: identificar las tareas reales, las dificultades y las competencias en juego;
- la definición de los objetivos: lo que el empleado sabrá hacer al final, en términos observables;
- la designación de un formador: una persona encargada del acompañamiento, distinta de la jerarquía directa si es posible;
- situaciones de trabajo formativas, preparadas para permitir probar, equivocarse y progresar;
- fases reflexivas, en las que se vuelve sobre lo ocurrido;
- una evaluación de lo aprendido, con pruebas conservadas.
Omitir una de estas etapas debilita el conjunto, sobre todo cuando la empresa busca financiación.
La fase reflexiva: el momento que se olvida
Los tiempos de reflexión suelen sacrificarse porque parecen improductivos. Sin embargo, marcan la diferencia entre una AFEST y un simple acompañamiento. El formador y la persona que aprende se reúnen después de una situación de trabajo, en un lugar tranquilo, para repasar las decisiones tomadas: por qué ese método, qué dificultades hubo y qué se haría de otra manera.
Esta conversación puede apoyarse en una pauta de observación, una foto, una grabación o simples notas. Suele durar menos de media hora, pero consolida lo aprendido. Aquí se distingue el gesto aprendido del gesto comprendido. Una organización que programa estas sesiones con antelación, dentro del horario, demuestra que se toma el método en serio.
Tutor, formador, responsable: papeles que conviene distinguir
Conviven tres funciones que deben quedar claras. El responsable organiza el trabajo y las prioridades. El tutor o compañero de referencia conoce bien el oficio y muestra los gestos correctos. El formador AFEST, en cambio, dirige el método pedagógico: prepara las situaciones, dinamiza las fases reflexivas y evalúa. Una misma persona puede acumular dos papeles, pero eso requiere tiempo liberado y una formación adecuada.
En las pequeñas empresas, a veces el director asume todos los papeles. Es posible, pero arriesgado: la persona que aprende no siempre se atreve a decir a su superior directo que no ha entendido. Es mejor, cuando se puede, confiar la parte reflexiva a un tercero, interno o externo.
Evaluar y conservar pruebas
La evaluación no se limita a una nota. Comprueba, en relación con los objetivos, qué sabe hacer la persona por sí sola, en qué condiciones y con qué nivel de calidad. Puede basarse en una observación en situación, una entrevista, un trabajo realizado o una tabla de criterios.
Se recomienda conservar un expediente: análisis de la actividad, plan de situaciones, actas de las fases reflexivas, evaluación final y hojas de firmas. Este expediente sirve para demostrar que la acción de formación tuvo lugar, sobre todo si un operador de competencias o un financiador pide justificantes.
Ejemplo ilustrativo en una cocina colectiva
Imaginemos a un auxiliar de restauración que pasa de un puesto de preparación en frío al de cocinero de producción. La empresa opta por una AFEST de, por ejemplo, seis semanas. El análisis de la actividad identifica cuatro competencias: lectura de una ficha técnica, respeto de las temperaturas, gestión de las cantidades y organización del puesto.
Cada semana, el formador propone una situación concreta, observa y dedica después treinta minutos a conversar sobre lo que ha funcionado bien. Al final, una evaluación en condiciones reales valida lo aprendido. Las duraciones y los contenidos son hipotéticos: cada empresa adapta el método a su oficio.
Ventajas y límites frente a una formación en aula
La AFEST presenta varias ventajas: cercanía con la realidad, aplicación inmediata de lo aprendido, menor pérdida de tiempo de producción y reconocimiento del saber hacer interno. También puede combinarse con clases teóricas.
Tiene límites: exige preparación, personas disponibles y una cultura de empresa que acepte el error durante el aprendizaje. Resulta menos adecuada cuando los riesgos son altos (ciertas habilitaciones imponen formaciones reglamentadas) o cuando el puesto es demasiado repetitivo para ofrecer situaciones variadas. En esos casos, una formación en aula suele ser preferible o complementaria.
Errores frecuentes que conviene evitar
Varios obstáculos se repiten en las empresas que descubren el método:
- llamar AFEST a un simple acompañamiento entre compañeros sin objetivos ni evaluación;
- omitir las fases reflexivas por falta de tiempo;
- designar a un formador sin liberarle horas;
- no conservar ningún registro escrito;
- no informar al empleado de que su trabajo pasa a ser un tiempo de formación, con los derechos asociados.
Antes de lanzar una AFEST, conviene acudir a tu operador de competencias, que a menudo ofrece guías, herramientas y, a veces, acompañamiento.
Preguntas frecuentes
¿La AFEST es un contrato o un estatus?
No. Es una modalidad pedagógica reconocida por el derecho francés de la formación profesional. Se aplica a un empleado que ya ocupa un puesto y conserva su contrato de trabajo. No crea ni un nuevo estatus ni una nueva remuneración: cambia la forma de organizar y reconocer el aprendizaje en el lugar de trabajo.
¿Se puede hacer una AFEST sin formador?
El método supone que una persona se encargue del acompañamiento pedagógico: preparar las situaciones, dinamizar los momentos de reflexión y evaluar. Puede ser un compañero con experiencia, formado para esa función, o un profesional externo. Sin esta función claramente identificada, no se habla de AFEST.
¿Qué diferencia hay con la tutoría?
La tutoría consiste en acompañar a quien acaba de llegar, a menudo de manera informal. La AFEST está más estructurada: análisis de la actividad, objetivos, situaciones preparadas, fases reflexivas y evaluación escrita. Un tutor puede intervenir en una AFEST, pero el conjunto del método va más allá del acompañamiento habitual.
¿Se puede financiar una AFEST?
Puede, bajo ciertas condiciones, contabilizarse como acción de formación dentro del plan de desarrollo de competencias, y algunos operadores de competencias la apoyan. Las reglas de financiación cambian según los sectores y los años. Hay que comprobarlas con el operador correspondiente antes de empezar.
¿Cuánto dura una AFEST?
No existe una duración única. Depende de las competencias que se vayan a adquirir, de la frecuencia de las situaciones de trabajo y del ritmo de la empresa. Algunos procesos duran unas semanas y otros varios meses. Lo importante es que la duración se defina de antemano y esté vinculada a los objetivos de la formación.
¿Puede beneficiarse un becario o un alumno en alternancia?
La noción de AFEST afecta ante todo a los empleados dentro de la formación continua. En una alternancia, los periodos en la empresa están regulados por el contrato y la tutoría, pero algunos principios de la AFEST, como el análisis de la actividad o las sesiones reflexivas, pueden inspirar la organización pedagógica. Consulta con tu centro de formación.
¿Qué justificantes hay que conservar?
Se aconseja guardar el análisis de la actividad, los objetivos, el calendario de las situaciones de trabajo, las actas de las fases reflexivas, la evaluación final y las firmas de los participantes. Estos documentos demuestran que la acción se llevó a cabo realmente y que respondía a un método pedagógico.
